martes, 15 de abril de 2014

Querida maestra querida muerte

la conocí por primera vez  
y luego de tres años
 pero fue en el jardín
donde compartimos mayor tiempo
dormía conmigo sentada la siesta
no sabía de pesadillas aún temblores en el patio
me guió
en donde las hormigas suelen vivir
las probé
supo mi lengua el ardor cua
nto amor
por ese viejo piano tenia
sino estaba sentada afuera
la encontrabas en el salón de actos
 
practicando alguna melodía
mientras en mi salita oscura
después de haber comido
 los nenes dormían 

conocí una de esas tardes a la melancolía

ingresando por debajo de la puerta
como lo hacia el viento

yo sin poder dormir concentrado o pasmado
por luces de autos
que filtrándose avanzaban
por la pared
de un lado a otro de la habitación
hasta 
desparecer había una luz
que tenue se mantenía
y había estado
ahora que lo notaba
desde siempre
aquel juego del avance sobre el detenimiento
me orientaba hacia demás comprensiones ella
 
me enseñó a prender la luz sin despertar a los demás

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